Se dice por ahí, que “si vas a poner algo tóxico en tu vida, que sea Botox®”. La toxina botulínica, tras cientos de estudios, se reinventa cada año. ¿Eres de los que creen que la toxina botulínica (Botox®), solo sirve para tratar las arrugas? Lee hasta el final y descubre la utilidad del botox más allá de las arrugas.
Todo comenzó en un funeral en 1897, cuando un grupo de músicos belgas durante consumieron jamón ahumado y desarrollaron síntomas visuales y gastrointestinales característicos del botulismo (caída de los párpados, debilidad facial en ambos lados del rostro y parálisis) y desde entonces, se estudiaron sus efectos en el cuerpo.
Varios cientos de años después, a principios de los 90s y tras diversos ensayos clínicos, la oftalmóloga Dra Jean Carruthers
comenzó a notar los milagros de la toxina en la medicina estética, pues las arrugas de sus pacientes desaparecían tras la aplicación de la toxina.
Su versatilidad, popularidad, y accesibilidad va en crecimiento
Recientes estudios han demostrado su eficacia en otro tipo de afecciones de la piel, volviéndolo una versátil opción terapeútica y los resumimos a contiuación:
Cicatriz queloide
El uso de la toxina botulítica puede influir en la actividad de los fibroblastos. Minimiza la tensión alrededor de la cicatriz gracias a la inmovilización química muscular.
Acné
La toxina disminuye la producción de sebo y el tamaño de los poros gracias al bloqueo de la señalización colinérgica y sus efectos neuromoduladores.
Rosácea, y flushing
Su aplicación incrementa la inhibición de la acetilcolina (neurotransmisor excitatorio) de los nervios autónomos periféricos del sistema vasodilatador cutáneo; creando una reacción en cascada que modula la dilatación de los vasos sanguíneos.
Psoriasis, dermatitis atópica
Gracias a sus actividades biológicas, incluyendo el comportamiento antiinflamatorio y anti pruriginoso, es eficaz en el tratamiento del picor que causa la histamina, el liquen simple crónico, la psoriasis, la rosácea y la rinitis alérgica, por lo que evita cicatrices.
Depresión
En uno de los estudios mencionados anteriormente, el equipo médico descubrió que las personas que recibieron inyecciones de toxina reportaron depresión con mucha menos frecuencia que los pacientes que se sometieron a diferentes tratamientos para las mismas afecciones. También se han planteado teorías sobre el alivio de las arrugas severas del ceño en la región de la frente, ya que interrumpen un ciclo de retroalimentación que refuerza las emociones negativas. Los resultados demuestran que el mecanismo puede ser más complejo.
Hiperhidrosis
Las inyecciones de toxina botulínica se utilizan ampliamente como una opción de tratamiento de hiperhidrosis primaria de segunda línea; tan solo cuando las estrategias de tratamiento tópico han fallado, por lo que se da una esperanza efectiva a este problema.
La toxina botulínica ha alcanzado una contundente relevancia
Y es que el Botox® va más allá de las arrugas, se estima que en medio de la crisis de COVID-19 y la recesión económica consecuente, el mercado de la toxina botulínica en todo el mundo crecerá en un estimado de US $ 2.6 mil millones
Medicina estética
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